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Ser frailes carmelitas descalzos hoy

Declaración sobre el carisma carmelitano-teresiano aprobado en el Capítulo General 2021

Nos une una misma vocación al Carmelo, una misma ilusión por servir al Señor, en el hoy de la historia; tiempo de crisis, tiempo oportuno y bello; tiempo difícil, tiempo fecundo; tiempos recios, decía Teresa, y, por eso, tiempos en los que Dios se regala con nuevo rostro y nueva vitalidad. El Carmelo renace en cada carmelita, se reestrena en la pequeña gran historia de alianza escondida y viva entre Cristo y sus amigos. Las crisis, lejos de apocarnos y asustarnos, nos lanzan a lo esencial y al fuego de los orígenes: “Esta crisis, si tiene algo de bueno — y ciertamente lo tiene— es precisamente devolvernos a lo esencial, a no vivir distraídos por falsas seguridades”. Esto nos dijo el Papa el 11 de septiembre pasado (2021), en nuestro encuentro con él, durante el Capítulo General. El momento que vivimos nos impele a lo ‘esencial’, más que nunca. Además, el Papa nos animó a revisar nuestra salud y a avivar la llama viva de los orígenes: “Este contexto también es favorable para que examinéis el estado de salud de vuestra Orden y alimentéis el fuego de vuestros orígenes”.

El fuego de los orígenes no es añoranza del pasado. Es fe en el presente fecundo de Dios. El carisma no se agota en los fundadores, sino que se hace rico encarnado en cada época, en cada contexto histórico y geográfico, en lenguajes diferentes, en cada carmelita llamado a ser una resonancia fiel y original de aquella experiencia viva que animó a Teresa de Jesús, a Juan de la Cruz, a Isabel de la Trinidad, a Teresa del Niño Jesús, a Edith Stein, al P. Gracián, al hermano Lorenzo, a Chiquitunga… y a tantos anónimos hijos e hijas de Teresa. El desafío de la llamada recibida nos urge a una aventura inédita en la misma familia de nuestros santos Padres pasados, en profunda comunión con todos nuestros hermanos hoy, y con la mirada en los que están por venir, piedras vivas de un Carmelo que se deja recrear, porque es fiel a sus raíces.

Con gozo y esperanza os presento la Declaración sobre el carisma carmelitano-teresiano, aprobada en el pasado Capítulo General del 2021. Dicho documento es el fruto de un esmerado y largo proceso de reflexión y de diálogo llevado a cabo en los últimos años por los religiosos del mundo entero, en el contexto de la renovación permanente a la que nos llama con insistencia la Iglesia.

La propuesta de elaborar un texto sintético y actualizado sobre nuestra identidad se planteó en el Capítulo General del 2015, celebrado en Ávila en pleno V Centenario del nacimiento de Teresa de Jesús. El camino que hicimos juntos toda la Orden de releer los escritos de la Santa como preparación al Centenario de su nacimiento, nos animó a profundizar en el conocimiento de su experiencia y su magisterio, pero, sobre todo, avivó en nosotros el deseo de comprender y vivir a fondo el carisma que ella recibió y que nosotros quisiéramos encarnar y revitalizar hoy, aquí, ahora.

A partir de entonces dimos un paso más, y las comunidades intensificaron el compromiso de revisar la vida a la luz de nuestro carisma y misión en la Iglesia, con la relectura compartida de las Constituciones. Al finalizar esa etapa, el Definitorio Extraordinario celebrado en Goa (India) en 2019 decidió emprender la elaboración de una Declaración sobre la vida carmelitano-teresiana que expresara de forma sintética y actualizada nuestra identidad de carmelitas descalzos.

El P. Saverio Cannistrà, General de la Orden, resumía así la intención de esta propuesta: “El objetivo de una declaración carismática tendría que ser ayudar a leer y comprender el carisma y las Constituciones en modo adecuado al momento actual, a sus desafíos y a 

los diversos contextos socioculturales en los cuales la Orden está presente (…). Si bien no hayan cambiado los elementos esenciales de nuestra identidad carismática, tenemos la necesidad de decirlos de nuevo en un modo que nos ayude a comprenderlos y a asimilarlos en profundidad para poderlos después traducir en un concreto estilo de vida personal y comunitario. No se trata de introducir elementos nuevos, sino de recolocar aquello que ha sido transmitido en el contexto antropológico y cultural de hoy.”

Inmediatamente después se inició la redacción del documento, bajo la coordinación del Definitorio. El borrador inicial se fue enriqueciendo gracias a las reflexiones de los capítulos trienales de las circunscripciones y de los religiosos de toda la Orden que quisieron hacer sus aportaciones, con una participación especial de los jóvenes, reunidos en las distintas zonas geográficas. Finalmente, el Capítulo General del 2021 retomó, discutió, dialogó y concluyó la elaboración del escrito, aprobándolo oficialmente.

La Declaración sobre el carisma carmelitano-teresiano que tienes en tus manos es un documento nuevo, original y creativo, a la vez que contiene los elementos que han marcado nuestra tradición y nuestra herencia. La hemos escrito los religiosos de la Orden, que somos también sus primeros destinatarios. No nos olvidamos de nuestras hermanas las carmelitas descalzas, ni de los miembros del Carmelo Seglar, con quienes nos sentimos y formamos la única familia del Carmelo Teresiano. Ofrecemos con espíritu fraterno un texto que puede ser motivo de meditación, reflexión y de inspiración para toda la Orden. Sin embargo, somos conscientes de que tanto nuestras hermanas las monjas como nuestros hermanos los laicos tienen sus propias características y su especificidad, y sabemos que si hubiéramos querido elaborar un texto igualmente válido para las tres ramas del Carmelo tendría que haber nacido de una reflexión compartida entre todos, monjas, laicos y frailes. Este camino es el que deseamos hacer como Orden en el momento que nos toca vivir y que irá madurando en un diálogo común necesario. La Declaración sobre el carisma nació de lo que el Papa ha expresado como 

una urgencia vital: revisar nuestra salud y el fuego de los orígenes, renombrando qué significa ser carmelita descalzo hoy.

La Declaración no tiene un carácter jurídico, sino que expresa en modo resumido y articulado los elementos esenciales del carisma carmelitano-teresiano, tal como nos sentimos capaces de expresarlos hoy. El carisma en ella contenido se ofrece como criterio de discernimiento para nuestro modo de vivir y para las decisiones que estamos llamados a tomar. La Declaración, en cuanto resumen de lo esencial de nuestro estilo de vida, es plenamente vinculante, y sintetiza la formulación actual del carisma.

Os invitamos a todos, superiores y comunidades, profesos y formandos, jóvenes y mayores, a acogerla, asimilarla y sacar de ella las necesarias consecuencias prácticas. El primer paso será una lectura pausada y reflexiva, meditada, y recibirla de modo que podamos captar su alcance, asimilar su contenido, que nos dinamice, nos interpele y nos ponga en camino. Invita a una experiencia de vida, no a una simple teoría bella e inofensiva. ¿Cómo podremos trazar vías concretas para llevar a la práctica su vitalidad, de modo que traiga frutos de renovación para todos nosotros?

El carisma, como el Evangelio, solo puede ser vivido en modo inculturado. En un tiempo en el cual nuestra presencia es verdaderamente universal, resulta imprescindible un trabajo serio y profundo de diálogo entre el carisma de siempre y las diversas culturas en las que vivimos, de tal forma que se alimenten recíprocamente. Queremos animarnos mutuamente a la aplicación práctica de esta Declaración: tanto el Definitorio general, como los superiores provinciales y sus consejos, los superiores locales y cada uno de los religiosos. Nuevamente, los capítulos de las circunscripciones, conociendo y valorando la propia realidad local, podrán identificar y proponer los medios más adecuados para dar vida a los principios contenidos en la Declaración.

El Papa nos dijo también el 11 de septiembre: “No debéis imitar la misión de otros carismas, sino ser fieles al vuestro, para dar al mundo lo que el Señor os ha dado para el bien de todos, es decir, el agua viva de la 

contemplación”, añadiendo que “la armonía entre estos tres elementos: amistad con Dios, vida fraterna y misión, es una meta fascinante, capaz de motivar vuestras decisiones presentes y futuras.”

Ponemos esta Declaración en vuestras manos, queridos hermanos,

¡Ojalá sea un instrumento renovador!, que nos impulse y anime a vivir y a servir unidos, una misma familia, verdadera y auténtica comunión. En el fondo de nuestro corazón escuchamos un desafío provocador que nos empuja a redescubrir la llamada de Dios personal y comunitariamente y nos pide renovar la pasión por Él, el deseo de responder a su amor primero y a vivir siempre en su amistad.

¡Pongámonos en marcha! Dios es tradición y novedad, permanencia y desafío, hogar y camino. En este éxodo (Iglesia y Carmelo en salida) obediente (escucha atenta que ausculta la vida) en el que nos encontramos hoy con toda la humanidad, en busca de la tierra prometida, nos sentimos hermanos de todos los hombres y mujeres, ancianos y niños que experimentan la necesidad de buscar con valentía y humildad quiénes somos, quiénes estamos llamados a ser y cuál es el sueño salvador de Dios para nuestra tierra. Ser hijos de Dios, carmelitas descalzos en la escuela de María y de José, de su mano, peregrinos de la Fe, escuchando día y noche la Voz de Dios, su Palabra, en el corazón de la historia de nuestros días.

“Santa Madre Teresa, mira desde el cielo a esta tu familia y cuida de ella con amor, corona la obra que un día emprendiste en la tierra.”

P. Miguel Márquez Calle, Prepósito General OCD

Roma, 15 de octubre de 2021, fiesta de santa Teresa de Jesús.