La espiritualidad del Carmelo es la espiritualidad de la unión con Dios o intimidad divina...
Lo más importante del Carmelo es su espiritualidad. Más que su historia. Ser carmelita, es sencillamente, sentir la vocación para vivir esa rica espiritualidad. La vida espiritual es esencialmente una por su naturaleza y por su fin último, que es la plenitud de la perfección en la caridad, tal como nos lo enseña Jesús en el Evangelio. Pero es diversa en cuanto que los caminos que nos llevan a esa meta son distintos. Tal es el origen de las escuelas de espiritualidad.
Se trata de diversas formas de vida, en torno de las cuales se agrupan los elementos comunes de un instituto religioso. Es la manera de organizar su vida práctica escogiendo los medios más aptos que le enseña la experiencia para alcanzar su fin particular dentro de la Iglesia. De forma que cada instituto, conforme a su propio carisma, nos ofrece una espiritualidad peculiar, ayudando así al crecimiento y riqueza del Reino de Cristo entre los hombres.
La espiritualidad del Carmelo es la espiritualidad de la unión con Dios o intimidad divina; esa intimidad que el mismo Señor nos ofrece en esta vida como preludio de la futura. La unión con Dios es la manera de ser y de actuar del Carmelo, tanto en su interior como en el apostolado externo. Es la idea central de su estilo de vida. Este es el carisma que heredamos de nuestros santos Padres Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Sin embargo, ellos no hicieron más que recoger y acentuar lo que, desde los orígenes con el profeta Elías y la Regla de la Orden, venían constituyendo la síntesis de la vida carmelitana.
Ser, pues, carmelita, es aspirar a la intimidad con Dios, meta sublime que se alcanza mediante una ascensión progresiva y resuelta. Es la "Subida del Monte Carmelo", que tiene que recorrer el alma, hasta llegar a la cima más alta, donde le espera el encuentro transformante con Dios. Este camino, vivido a lo largo de los siglos, ha hecho del Carmelo una verdadera escuela de santidad.
Maestra de santidad es Santa Teresa de Jesús, cuando nos invita a encontramos con la humanidad de Cristo y hacerla nuestro amigo por el camino de la oración, la puerta misma para entrar en el castillo interior que es el alma. Maestro es San Juan de la Cruz que con hábil pluma nos comunica la búsqueda del ser humano sediento de Dios, queriendo llegar al monte de la perfección. Maestra y pedagoga es Santa Teresita del Niño Jesús al sentirse tan pequeña en brazos de Dios y sin fuerzas para aspirar a la santidad, se entregó con audaz abandono en sus manos para que Él lo haga todo.
Maestra es santa Isabel de la Trinidad quien nos invita a hacer de nuestra vida una "casita" para Dios, el lugar de su reposo y su descanso. Maestra es Santa Teresa de los Andes, pues con tan sólo 19 años dejó brillar en su vida de modo admirable la luz de Jesucristo, convirtiéndose en faro y guía para un mundo que parece cegarse con el resplandor de lo divino. Maestra es santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) que siendo judía aceptó ser atea y reencontró a Dios en el cristianismo por la lectura de las obras de Santa Teresa de Jesús y murió mártir amando a su pueblo judío en los campos de concentración nazi. Y maestro es el beato Francisco Palau y Quer, quien encontró en la Iglesia la razón de su vida y el objeto de su amor. Y muchos otros santos y santas que, a través de la historia del Carmelo remota y reciente, sin ruidos de palabras, se convierten en una humanidad suplementaria donde Dios renueva todo su misterio.
Y TÚ, ¿QUÉ PIENSAS?
¿Crees que es posible hoy vivir la santidad?
En esta etapa de tu proceso vocacional, elabora tu propio proyecto de vida, que te permita responder a la iniciativa de Dios.