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¡Un camino para llenar la vida de sentido!

El modelo de compromiso con la historia para el consagrado es Jesús de Nazaret

Que a un discípulo de Jesús le digan que tiene que "meterse hasta el fondo" en la realidad en que vive, no es otra cosa que recordarle que viva "la ley de la Encarnación". Porque el Maestro se metió, en el seno de la Virgen, hasta lo más profundo de las realidades humanas y las asumió hasta liberarlas. Vivir a Jesús es encarnarle desde su Encarnación hasta su Ascensión a los cielos. Vivirle profunda e intensamente; vivirle íntegramente y no a saltos, a lo que conviene. El Verbo de Dios se ha hecho carne y vive entre nosotros.

No estamos descubriendo nada nuevo con lo de "encarnarse". Es tan viejo como los dos mil años que llevamos de cristianismo. Es volver a los orígenes, a las fuentes. Y no se trata de "insertarse"; esa palabra queda un poco lejos de la realidad que se pretende. Se trata de "encarnarse que es igual a asumir la condición baja, pecadora, de conflicto y tensión del hombre; esa condición de basura, de barro que el hombre necesita, de salvación.

Es esa experiencia de kénosis, de hundimiento, de anonadamiento, de vaciamiento, de humillación. Es la condición de Jesús en su vida oculta en Nazaret. La condición de Jesús en el Jordán, como uno de tantos pecadores, en la fila esperando un bautismo de conversión. Es la condición de Jesús en el desierto, siendo tentado, experimentando la debilidad del hombre y enfrentándola desde la pureza del Espíritu; es la condición de Jesús metido a fondo en su pasión y muerte de Cruz. Es esa experiencia de impotencia, de abandono, de marginación, de nada que experimentó en la noche del Huerto de los Olivos Allí vivió en plenitud su encamación; allí asumió hasta el fondo la historia de los hombres; allí experimentó su condición de hombre en relación con los hombres.

El modelo de compromiso con la historia para el consagrado es Jesús de Nazaret. Un compromiso que arranca de la voluntad del Padre y que expresa su dedicación y servicio al Reino. Jesús hace de la historia de los hombres su propia historia. La asume, porque la ama. La vive, porque quiere darle vida abundante. La palpa, la toca, la experimenta, porque ha venido para los enfermos y no para los sanos; para los pecadores y no para los justos.

Encarnarse hoy en la historia, en el medio donde se vive, en los pueblos donde se es enviado a construir el Reino, supone entrar en las realidades profundas de esta historia. Tocar su realidad política, en la que el hombre es juego de unos cuantos interesados que manipulan la historia; entrar en esa realidad y desenmascararla, denunciarla, ponerse aliado del hombre engañado que no tiene ni voz ni voto.

Tocar la realidad económica en la que el hombre sobrevive, caminando muchas veces hacia la muerte. Una vida de sobresaltos por el pan de cada día; una vida que no alcanza los mínimos para crecer. Tocar los bienes, es buscar caminos de distribución de la riqueza, es descubrir nuevos horizontes para que no sigan teniendo unos pocos, todo, y la mayoría nada. Encarnarse es entrar en la política, en la defensa de los intereses del pueblo; encarnarse es hacer posible una distribución más justa de los bienes de la tierra.

Y TÚ, ¿QUÉ PIENSAS?

Expresa a través de un signo la realidad difícil que hoy está viviendo el mundo y a la cual debe responder la pastoral de la Iglesia.