Fichas de Animación Vocacional
¡Un camino para llenar la vida de sentido!
Un amor que le ha salvado

El consagrado es testigo de una vida donde los seres humanos vivirán en comunión y comunicación

El consagrado es un testigo del amor de Dios que le ha salvado. Un amor que le ha llenado el corazón de paz y gozo. Un amor que continuamente está cambiando su corazón. Un amor que lo arrancó del pecado, lo sanó, lo curó, lo resucitó. Un amor que le mantiene en fidelidad y en proceso constante de cambio. Un amor que es firme, fiel, que permanece, no falla. Un amor que da fuerza interior y hace vivir desde dentro. Testigo del amor de Dios, de un Dios, Padre bueno, lleno de ternura y misericordia.

El consagrado es testigo de la Vida Eterna

Del más allá. De una vida que no tiene límite. De una vida abundante y plena. Es testigo de que somos peregrinos ahora y que nos espera una nueva tierra, unos nuevos cielos, una nueva morada. Por eso, santa Teresita del Niño Jesús, antes de morir, decía: "No muero, entro en la vida". Testigo de que la vida es dinámica, que no se acaba, que tiene raíces, manantial, que la hacen vivir para siempre. Testigo de una vida futura donde el hombre será plenamente feliz, dichoso, alegre. Una vida futura que se va construyendo aquí y ahora; construyéndola en el amor-servicio. "He hallado mi Cielo en la tierra, pues el Cielo es Dios y Dios está en mi alma", afirmaba la santa carmelita Sor Isabel de la Trinidad. El consagrado es testigo de que los bienes de aquí abajo no son duraderos, no son definitivos, no llenan el corazón del hombre. Testigos de que existen otros bienes espirituales, otros bienes duraderos que serán vividos en el amor de Dios. Un amor real. Un amor que plenificará el corazón del hombre.

El consagrado es testigo de una vida donde los seres humanos vivirán en comunión y comunicación; donde no habrá nadie más importante que otros, ni nadie con más poder, más débil, marginado, oprimido, ni explotado.

Este es el gozo del que ha entregado su vida al Señor Jesús en servicio del Evangelio. Este es el gozo. El gozo de saberse amado por Dios y llamado. El gozo de saberse en el discipulado de Jesús. El gozo de saberse dentro del plan de Dios, realizando su voluntad, viviendo su proyecto. El gozo de entregar la vida para que los hombres tengan vida abundante. El gozo de gastar la vida en los duros trabajos del Evangelio. El gozo de sentirse dichoso de ser obrero del Reino de Dios. El gozo de construir la civilización del amor. El gozo de saberse embarcado en una tarea, en una empresa que no muere, como tantas otras empresas, tantos otros sistemas, tantos otros proyectos.

El gozo es don del Espíritu. Y el gozo es esa vivencia del Espíritu de Jesús. Es esa vivencia del don, del regalo de Dios. Es esa vivencia de saberse fortalecido, vivificado, animado, motivado por el Espíritu de Jesús por eso, es posible ser testigo. Con el Espíritu de Jesús se puede permanecer fiel en el seguimiento y el Espíritu dado por Jesús al consagrado es garantía de todo bien, de toda paz y de toda fidelidad. Y así, es posible decir a los hombres que Dios nos ama, que Jesús es nuestro Salvador y camina a nuestro lado. Con el Espíritu de Jesús, la vida de Dios se hace Vida Eterna en el corazón de la humanidad.

Y TÚ, ¿QUÉ PIENSAS? …

Escríbele una carta a Jesús y en ella, cuéntale lo que en este momento esta reflexión te suscita en el corazón.